viernes, 23 de octubre de 2009

Pequeños Pasos

¿Debe ser difícil tu profesión?- preguntó Carlos, el guía.
Y nos “entretuvimos” en disquisiciones sobre mi quehacer cotidiano, y se alivianó el camino.
Llevamos cuatro horas de caminata, yo no estoy en buen estado físico, y las resolladas en las subidas me recuerdan todas las veces que decidí comenzar la dieta que nunca comencé y me propuse ejercitarme y tampoco lo hice… y nuevamente me lo propongo y lamento mi poca voluntad a la hora de cumplir mis promesas a mi misma.
Estoy en completo silencio, abocada a la única tarea de colocar un paso delante de otro, pensando en que la meta está próxima.
Todo mi cuerpo está dolorido, mis pies pesan toneladas y en las pequeñas subidas que nos encontramos (pequeñas comparadas con las pendientes pronunciadas que nos esperan los siguientes dos días, aunque yo aún no lo sé, gracias a Dios) siento como si mis zapatillas fuesen de plomo, hago pasos largos para intentar acortar el camino.
Carlos observa: “pequeños pasos, pequeños esfuerzos, sin gastar energías de más”… tiene que repetir su consejo casi a cada paso, y no se detiene, repite una y otra vez, “pequeños pasos”, y sus palabras van colándose en mi cabeza como una gota que horada la piedra, no por su fuerza sino por su constancia.

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